La capacidad de amar y ser amado de manera auténtica es un anhelo universal, como se observa en festividades dedicadas al afecto. Sin embargo, la verdadera fortaleza de nuestras conexiones, tanto románticas como familiares y amistosas, no reside en gestos externos, sino en el vínculo que forjamos con nosotros mismos. Si las interacciones con otros nos dejan con una persistente insatisfacción, es crucial reflexionar sobre nuestra vida interior. La especialista María Velasco subraya que el amor genuino, tanto hacia uno mismo como hacia los demás, se sustenta en tres pilares esenciales: el cuidado, la tolerancia y el compromiso. Un sentido saludable de autonomía y valía personal es indispensable para establecer límites y satisfacer nuestras propias necesidades, sentando las bases para una interacción sana con el mundo.
Para nutrir el amor propio, es fundamental haber experimentado afecto saludable en algún momento de la vida. Si esta experiencia faltó en la infancia, la vida adulta ofrece oportunidades para sanar esas carencias a través de nuevas relaciones significativas. La autoestima, por su parte, se construye con el autoconocimiento y la superación de pequeños desafíos cotidianos que reafirman nuestra capacidad y merecimiento. Una persona con sólida autoestima mantiene un equilibrio entre defender sus intereses y respetar los de los demás, aceptando la realidad y disfrutando de ella, sin pretender controlarlo todo, pero esforzándose por mejorar. Asimismo, una buena relación con uno mismo es el cimiento de relaciones interpersonales armoniosas. Denigrarse, evitar los problemas propios o buscar soluciones externas puede conducir a relaciones de dependencia y sumisión, perpetuando una imagen insuficiente de uno mismo y generando temor a la soledad.
La comunicación efectiva es a menudo el eslabón perdido en muchas relaciones. Suponer los pensamientos y sentimientos ajenos, en lugar de preguntar, puede generar distancia, malentendidos y conflictos. Es vital evitar el narcisismo, que convierte a los demás en meros objetos utilitarios. Reconocer y distanciarse de este tipo de comportamientos es un paso crucial para construir vínculos auténticos. Para fortalecer el amor propio y la capacidad de amar, la psiquiatra Velasco sugiere cultivar el amor propio (distinto del narcisismo), la admiración mutua (sin caer en la idealización), y la empatía. Escucharse a uno mismo, comprender los propios deseos, y dedicar tiempo a la introspección son prácticas esenciales para el desarrollo personal. Aunque los patrones familiares pueden influir, la plasticidad neuronal permite aprender y desaprender, apropiándose de la propia vida y madurando en el proceso.
El camino hacia relaciones más plenas comienza con una introspección profunda y un compromiso inquebrantable con el amor propio. Al cultivar el autocuidado, la tolerancia hacia uno mismo y el compromiso personal, sentamos las bases no solo para nuestra propia felicidad, sino también para construir puentes de conexión auténtica y duradera con los demás, enriqueciendo nuestra existencia y la de quienes nos rodean.